Dos días después de llegar a Camboya, tuve que ingresar en un hospital por culpa de las pastillas de la malaria. Tres días después, mi vieja cámara comenzaba a agonizar tras ocho años de servicio. Pese a todo, mis contratiempos eran tonterías comparadas con la dura tarea a la que se enfrentan diariamente los camboyanos para salir adelante: un país de cautivadora belleza en el que la vida y la muerte, la sonrisa y el sufrimiento han caminado de la mano hasta el día de hoy.
Los templos de Angkor son la irresistible joya de una corona con muchas más piezas que espero descubrir algún día. Llevo su recuerdo en la mente y la voluntad de volver a Camboya en mi corazón.
Two days after coming to Cambodia, they had to take me to hospital because of malaria pills. Three days after, my old camera began to be dying after eight years on duty. In spite of everything, my setbacks were silly things compared to the hard work that cambodians have to do day by day to succeed: a country of captivating beauty where life and death, smile and suffering have being walking hand in hand until today.
The temples of Angkor are the irresistible treasure of a crown with much more pieces that I hope to discover some day. I have its memory in my mind and the will of going back to Cambodia in my heart.
|