Lo inevitable (2013)

Umod, 2012. Lo inevitable is a series of photographs taken in Gambela (west of Ethiopia) in 2012.

Lo Inevitable (2013)

La primera vez que pisé Gambela fue en septiembre de 2010. Descubrí un lugar que ejemplificaba varias cuestiones que me importaban especialmente: la difícil convivencia entre las minorías y la cultura dominante, las consecuencias de la economía global en los rincones más remotos, la frágil relación entre el hombre y el territorio. Volví a Gambela dos años después y allí realicé la serie de retratos que componen Lo inevitable. El proyecto ofrece varias capas de lectura: Por una parte, pretende aumentar la visibilidad de los habitantes de un territorio donde se están realizando reasentamientos forzosos y cesiones masivas de tierra a empresas extranjeras sin la participación de las comunidades locales. Por otra, quiere fomentar la reflexión sobre la identidad de una cultura en un proceso de cambio irreversible, una tensión transformadora que se revela en la distancia existente entre la apariencia y el contexto, entre los deseos y la realidad de sus protagonistas. Por último, pretende utilizar la fotografía para poner en cuestión la imagen mental que los medios occidentales han ido forjando sobre el continente africano en general -y sobre un país tan connotado como Etiopía, en particular-.

TEXTOS

En 2009, funcionarios del gobierno etíope y representantes de la empresa india Karuturi se subieron a un helicóptero y demarcaron sobre un mapa una extensión aproximada de 10 kilómetros de ancho y 100 kms de largo, siguiendo la carretera de tierra que une Ilea y Nginngang. No necesitaron poner un pie sobre un terreno del tamaño de Luxemburgo, sin cultivar en su mayor parte, para acordar su explotación por la empresa de Bangalore. Nadie consultó a las comunidades locales. Tampoco se contrastó la adecuación del terreno para el cultivo.

 



 La situación es segura. Pero cada vez que atravesamos algunas aldeas anuak, el conductor le quita el seguro a su AK-47 y no se baja del coche sin su arma. Hubo un tiempo en que las relaciones entre los colonos procedentes de otras regiones de Etiopía -highlanders- y los anuak no eran malas. Antes de que la caída del régimen del Derg fuera interpretada como la ocasión para recuperar la tierra ocupada por los colonos y, en el mes de mayo de 1991, un grupo de anuak les atacase en Ukuna y luego rematase a los supervivientes que se refugiaban cerca del aeropuerto de Gambela.   Desde entonces hasta ahora, la situación se asemeja a la de una montaña rusa a la que se van sumando nuevos viajeros desesperados. El 12 de marzo de 2012 un grupo armado detuvo un autobús antes de llegar a Gambela y mató a diecinueve de sus ocupantes. El 28 de abril se produjo un ataque al campamento de la compañía Saudi Star. Antes y después de estas fechas, son incontables los hombres y mujeres que han sufrido los abusos del ejército. Es difícil imaginar la paz después de tantos muertos.

 



 Más de 60.000 highlanders llegaron a Gambela de la mano del Derg, el régimen socialista etíope, durante los años 80. Los programas de reasentamiento forzoso les llevaron a una tierra fértil alejada de las hambrunas que asolaban otras partes del país. Desde el principio crearon pequeños comercios y se dedicaron a la agricultura o a la minería. Otros llegaron para ocupar los puestos de la administración. De nuevo, la tierra prometida. 

Una tierra prometida que oscila entre el calor insoportable de la estación seca y la malaria de la estación de las lluvias. Los anuak llegaron a Gambela en el siglo XVIII. Desde entonces, no han dejado de ver llegar a otros a esta tierra. Los movimientos migratorios han dado forma al cuerno de África, pero ya no hay tierra a la que dirigirse que no sea ocupada y reivindicada por alguien. No hay vías de escape para el conflicto. Nada más pasar la presa de Elwero, nos dirigimos a una aldea anuak. Los que allí viven no tenían nada cuando la fundaron y nada encontraron al llegar allí. Quizás por eso la llamaron Zero Zero.


Hoy toca reparto de comida en el campo de refugiados de Pignudo. La ONU reparte 50 kilos de sorgo al mes para cada cuatro personas. Los refugiados guardarán una parte del sorgo y otra parte la venderán a bajo precio durante el día. Otros comprarán ese sorgo, lo llevarán a los pueblos de alrededor y lo venderán por un precio mayor. Los días de entrega de alimentos todo cambia: por la mañana se hacen los negocios y por la tarde muchos hombres se gastan en cerveza lo que han conseguido horas antes. El número de borrachos se multiplica y con ellos las peleas. En jornadas como éstas, es mejor no caminar de noche por las calles de Pignudo.


Los primeros nuer llegaron a Gambela alrededor de 1840. Ganaderos y semi nómadas, su modo de vida chocó con el de los anuak, agricultores y sedentarios. Durante más de cien años, los conflictos se sucedieron. En muchas ocasiones se resolvían con indemnizaciones acordadas por los líderes locales. La igualdad de fuerzas mantuvo un cierto status quo, aunque se mantuvo la tendencia a la expansión de los nuer –mayoritarios hoy en la región– y a la asimilación de los anuak. La guerra en Sudán en los años 80 y el nuevo estado federal en los 90 horadaron las instituciones locales y sus capacidades para resolver conflictos, pero no las sustituyeron por otras. Desde finales del siglo XX, los conflictos –como los partidos políticos – tienen carácter étnico y los resuelven las armas.

Lo inevitable © Antonio Pérez Río

Las armas son fáciles de encontrar en la región de Gambela: más de veinte años de guerra civil en el cercano Sudán han dejado huella en una tierra que sirvió de base a la guerrilla del SPLA y que contó, en los años 80, con más de 300.000 refugiados sudaneses. Aún hay campos de refugiados en la región, construidos en su mayoría sobre territorios habitados históricamente por anuak. Y son muchos los refugiados nuer que se han quedado a vivir en ella.

 


En septiembre de 1989 el SPLA, movimiento guerrillero sudanés, atacó Pignudo, matando a 120 anuak y quemando la mayoría de sus chozas. El gobierno del Derg, que había favorecido la presencia de los nuer en altos cargos de la administración, se abstuvo de intervenir, como ya había hecho en otras matanzas en 1987.

 


Con la caída del Derg en 1991 y la instauración de un régimen federal, algunos anuak conquistaron los primeros puestos de la administración del nuevo estado, puestos que luego tuvieron que volver a compartir con los nuer. La reivindicación del territorio busca algo más que legitimidad para el cultivo o el pastoreo. La lucha por la tierra se ha transformado en una lucha por ocupar las estructuras de poder y los recursos procedentes de la administración. Y por los recursos que proceden del pleistoceno, como el petróleo.

 


Las bolsas de petróleo y gas que existen en el subsuelo de Gambela aún no han sido explotadas. El aislamiento de la región y la volatilidad de la situación han alejado a posibles inversores. Para algunos grupos anuak, la explotación del petróleo no debe realizarse antes de que recuperen el poder en la región y su dignidad sea restablecida. Cualquier infraestructura se percibe como un elemento de control del poder federal. También las carreteras son sospechosas.

Está atardeciendo en Tenyi y tenemos que irnos. Mis acompañantes no quieren que la noche nos encuentre en el camino. En noviembre de 2003, varios contratistas que debían supervisar la construcción de una nueva carretera fueron asesinados cerca de aquí. Un mes más tarde, cinco highlanders que estudiaban posibles localizaciones para un nuevo campo de refugiados fueron asesinados por un grupo armado sin identificar. Al llegar sus cadáveres mutilados a Gambela, la ciudad prendió en llamas. Más de 400 anuak fueron asesinados en tres días por grupos de highlanders. Por primera vez, el ejército intervino. Y lo hizo para acelerar la cacería. Un mes después, un grupo armado anuak mató a decenas de colonos en el área minera de Dimma. Las represalias se sucedieron durante todo el año. Y, una vez más, volvieron a arder las chozas anuak de Pignudo.

 


La ciudad de Gambela nunca volvió a ser igual. Ahora hay barrios anuak, barrios nuer, barrios highlander. Muchos evitan caminar por la noche. Y es la identidad étnica la que define los miedos y las lealtades.

 


Los anuak y los nuer no son los únicos habitantes originarios de Gambela. Mezengir, Komo y Opo son los otros tres grupos que comparten ese carácter. ¿Originarios? ¿Desde cuándo y para qué? Minorías entre minorías. Desprecio entre desprecio.

 


El gobierno federal etíope gobierna el país con mano de hierro y controla la distribución de poder en Gambela como en cualquier otro estado. En el año 2000, el principal partido anuak de oposición fue suprimido por las autoridades y muchos de sus líderes fueron detenidos. Algunos de sus miembros pasaron a la clandestinidad y formaron grupos violentos que han seguido realizando ataques esporádicos sobre el ejército y los colonos, reivindicando la liberación de los prisioneros y el cese de la exploración petrolera. En este párrafo, gobernar el país con mano de hierro significa impunidad para un ejército que no duda en matar y violar en acto de servicio. Y ataque esporádico significa asesinato.

Cientos de comunidades están siendo objeto de una política de reasentamiento forzoso, con el objetivo oficial de agruparlas en poblados que puedan contar con los servicios básicos de educación, salud y agua potable.  Para las ONGs, esta política, aplicada sobre todo a los anuak, pretende facilitar la concesión de tierras a nuevas explotaciones agrícolas ajenas a las poblaciones locales. Si el ejército encuentra resistencia entre sus habitantes, destruye la aldea. La seguridad, sobre la voluntad. La violencia, sobre el derecho.


La expansión irrefrenable de los nuer no sólo es fruto de su superioridad numérica y de la búsqueda de nuevas tierras para el pastoreo: también es fruto de sucesivas huidas, como lo fue la de los refugiados en los años 80. El final de la guerra en Sudán provocó la vuelta a la vida civil de muchos Lou que vieron en la paz el momento oportuno para casarse.  La ley de la oferta y la demanda provocó una burbuja en el precio de la dote: se llegaron a pagar hasta 140 vacas por una esposa. Si les faltaba el ganado, luchaban por él con sus armas. 


Veinte años más tarde, los guerreros más temidos son los Murle. Los Murle mueren y matan por el ganado, pero nunca lo roban, pues son los propietarios de todas las vacas del mundo por derecho divino. Son muchos los anuak y nuer que entregaron sus armas al estado y que se encuentran indefensos ante sus ataques. En ocasiones, el desarme es sólo una palabra hermosa que sabe a muerte.

 


Antes de llegar a Nginngang, sorprendemos a un grupo de furtivos que se apresura a desaparecer corriendo entre la hierba. Atrás dejan una cabeza de antílope oculta en un arbusto. Su sangre no es la única que riega esta parte de la tierra. Los nuer también combaten con los nuer. Hay muchos clanes, muchas armas y un amor ilimitado por el ganado. También para los nuer, las vacas son el centro de su vida, el pago por sus esposas y la medida de su riqueza.

Lo inevitable © Antonio Pérez Río

Para los anuak, el centro de la vida son los ríos, es en el agua donde nacen sus mitos y es allí adonde acude el espíritu de su rey después de morir. Los ríos en los que se han creado presas como la de Elwero y canales como los que desvían el agua treinta kilómetros para llevarla a la plantación de arroz de Saudi Star. Los ríos de cuyas riberas son alejados lentamente.

 


Para gran parte de los etíopes que nunca han pisado las tierras bajas, los anuak, los nuer y demás nativos de Gambela no son más que salvajes y es mejor que el gobierno no se entrometa si se matan entre ellos. Son auténticos negros.

 


Muchos anuak no han tenido otra salida que emigrar a Canadá y a Estados Unidos. Desde Minnesota, como desde Addis Abeba, no hay lugar para los matices. La diáspora suele ignorar lo que no se ajusta al molde de su comprensión del mundo.

 


No lejos de Pignudo se encuentra Pachulcha, un poblado anuak. Llegamos allí a las once de la mañana y encontramos a todos, hombres, mujeres y ancianos, completamente borrachos. Una ONG evangélica les había entregado comida al saber que las lluvias habían dañado el poblado. Con la comida garantizada, aquel día nadie había ido a pescar o a trabajar el campo. Tocaba día de borrachera colectiva y no faltaba ni el alcohol elaborado tradicionalmente ni la cerveza comprada con la venta de la comida. El buen samaritano no estaba presente para contemplar el efecto de sus buenas obras. De haberlo sabido, hubiese rogado a Dios que perdonara a aquellas criaturas, porque no saben lo que hacen.

 


Según la constitución etíope, el estado es el único propietario de la tierra y es legal la cesión de tierras a empresas privadas sin el permiso de las poblaciones locales. Los inversores acuden desde India, Arabia Saudí o el interior de Etiopía al reclamo de una nueva fiebre del oro. En Gambela se huele el dinero, aunque no pueda verse cuando llega la noche. En la capital, los cortes de agua y de luz son diarios. En el resto del estado, no hay agua ni luz que pueda ser cortada. No es oro todo lo que reluce en esta tierra de frontera. Quizás por eso, en septiembre de 2011, una inundación destruyó completamente la primera cosecha de maíz de Karuturi Global Limited.

Lo Inevitable - La exposición

Exposición de Lo Inevitable en CEART Fuenlabrada, enero 2015.

 

Kit Haz tu propia expo

En enero de 2015 realicé una exposición en el CEART Fuenlabrada. Un mes más tarde, realicé una edición limitada de bolsillo que contiene las mismas imágenes y textos expuestos en Fuenlabrada, con el objetivo de que cada uno pudiese construir su propia expo en las paredes de su casa. Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña.

Características técnicas:

  • Un mapa, 12 fotos y 23 textos.
  • 26 x 18 cm.
  • Sobre kraft.
  • Impresión digital.
  • Autopublicado, 2015
  • Edición: 50 ejemplares
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